Huertos escolares y urbanos.

Con la llegada de la primavera viene también la época de siembra por excelencia. Los días son más cálidos, largos y luminosos. La temperatura y cantidad de luz son factores clave en el éxito de un cultivo. Nada mejor que implicar a nuestros peques en un proyecto para convertirse en hortelanos.

Huertos urbanos.

En los últimos años estamos viviendo una vuelta a lo natural y saludable. Lo cual es una gran noticia. La moda de cultivar tu propia comida no se queda atrás. Cada vez más gente se anima a provechar sus balcones y terrazas para plantar algo. Aunque sean hierbas aromáticas, la satisfacción de ver los primeros brotes y el sabor inigualable de nuestro propio cultivo, lo convierten en una lujosa experiencia.
Los también conocidos como macetohuertos, son la solución a la falta de un terreno. Cultivados en macetas y cajones de diferentes tamaños, es sorprendente el rendimiento que pueden llegar a dar. También existe la alternativa de los huertos comunitarios. En muchas ciudades se están habilitando espacios de cultivo colectivos. Una forma fantástica de conocer a tus vecinos y vecinas y sentirse en comunidad.
Tanto es así, que la ciudad de París dentro de su estrategia de economía circular permite a cualquier persona tener un huerto o un jardín. Podrán cultivar en paredes, jardines, tejados e incluso en los maceteros de la calle. Lo único necesario es solicitar un permiso, comprometerse a mantener y cuidar el cultivo y usar métodos sostenibles.

Beneficios de los huertos escolares.

Los huertos escolares ofrecen un sinfín de posibilidades educativas. Métodos educativos como Waldorf o Montessori, han defendido siempre su existencia. Los niños y niñas aprenden a relacionarse con el medio natural, a entender sus ciclos y a reforzar su propio desarrollo personal. Con respecto al currículo se pueden trabajar prácticamente todas las asignaturas y líneas transversales. Desde la educación física hasta las lenguas extranjeras.
Algunos de los principales beneficios son:

  • Desarrollo de la responsabilidad, capacidad de observación y la paciencia.
  • Trabajo en equipo y colaborativo.
  • Conocer los cultivos locales y de temporada.
  • Mejorar los hábitos alimentarios.
  • Sensibilizar y concienciar sobre el cuidado del medio ambiente.
  • Aprender a planificar, resolver problemas y asumir consecuencias.

Cómo empezar un huerto escolar (o casero).

Existen una serie de variables a tener en cuenta. Para ello, lo primero es contar con el apoyo de la dirección. Lo ideal es vincular a cuantos más profesores mejor y presentar un proyecto educativo compartido. Es importante saber si existe presupuesto para este proyecto o si deben vincularse las familias o estudiar otras formar de financiación. Por ejemplo, la Asociación Vida Sana en colaboración con la Fundación Triodos han puesto en marcha la iniciativa Huertos Educativos Ecológicos que, entre otras acciones, ayuda a realizar campañas de crowdfunding.
La planificación es un recurso educativo muy interesante para los últimos años de primaria y primeros de la ESO. Tener un presupuesto y decidir cómo invertirlo, la mejor clase de economía aplicada 😉
Vale, una vez tenemos los permisos y apoyos necesarios ¿por dónde empezamos? Aquí las principales consideraciones por las que podéis empezar:

  • Ubicación. ¿Dónde da más sol y tenemos el agua más accesible?
  • Recipientes. ¿Tenemos terreno para cultivar o necesitamos macetas? Si necesitamos recipientes ¿macetas, mesas de cultivo o jardineras verticales?
  • Sustrato. Lo ideal es mezclar humus de lombriz y fibra de coco. Las perlas de arcilla nos ayudarán a retener la humedad.
  • Riego. ¿Emplearemos la regadera, la manguera o el riego por goteo?
  • Semillas. ¿Hemos decidido que cultivos queremos? ¿Dónde conseguiremos las semillas?

Seguro que os surgirán más dudas, la magia reside ahí. En despertar la curiosidad e ir enfrentando los diferentes desafíos que vayan surgiendo.

5 cultivos fáciles.

Aunque experimentar es genial una cuota de éxito aumenta la motivación y el empoderamiento. Así que, para mantener la frustración en su nivel justo, lo ideal es escoger cultivos resistentes, rápidos y de fácil mantenimiento. Un ejemplo de 5 cultivos fáciles puede ser:

    • Hierbas aromáticas. Estas podemos cultivarlas incluso en pequeñas macetas en las ventanas del aula. Eso sí, si les damos más espacio, crecerán hasta niveles increíbles. Son muy colonizadoras.
    • Lechuga. Crece muy rápido, no necesita mucha luz ni mucha profundidad. Podéis probar con diferentes tipos y comparar sus sabores.
    • Zanahorias. Se pueden cultivar casi todo el año. Para ellas sí que necesitamos más profundidad, como unos 30 cm al menos.
    • Espinacas. Son todoterreno y muy rápidas en crecer. No necesitan mucha profundidad.
    • Calabacín. A los calabacines les encanta colgar o estirarse por el suelo ¡lo ocupan todo!. Les gusta la profundidad, pero no son muy exigentes.

 
¿Qué os parece el experimento? ¿Os animáis a llevarlo a cabo? ¡Nos encantaría ver fotos!
 
Para profundizar en los huertos urbanos escolares puedes consultar las siguientes referencias:

 

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