La combinación de fresas frescas y almendras tostadas convierte esta tarta crujiente en un postre irresistible, perfecto para cualquier ocasión. Su base dorada y delicadamente crujiente contrasta con la suavidad y el sabor afrutado del relleno, creando un equilibrio delicioso entre textura y dulzura. Fácil de preparar y con un aroma casero incomparable, esta tarta es ideal para disfrutar en una merienda especial, una comida en familia o simplemente para darte un capricho lleno de sabor.
Lavar y cortar las fresas en láminas finas, poner en un bol con azúcar y reservar.
Pincelar una a una las láminas de pasta filo con mantequilla derretida e ir poniendo unas sobre otras.
En un bol, mezclar el queso crema con la yema de huevo y el azúcar glass hasta tener una crema homogénea.
Añadir la crema en el centro de las hojas, sobre ella las fresas y cerrar las hojas dándole una forma bonita, puedes ayudarte de palillos para que mantenga la forma.
Añadir almendra laminada por todo el borde y hornear a 180 grados 20 minutos o hasta que esté bien dorada.
Espolvorear azúcar glass por el borde y lista para disfrutar.