Hay pocas cosas tan reconfortantes como el aroma de una tarta recién salida del horno, y esta tarta de galleta gigante es la prueba perfecta. Con su exterior ligeramente crujiente y su interior suave y tierno, combina lo mejor de una clásica galleta con el formato irresistible de una tarta para compartir. Es ideal para disfrutar templada, acompañada de una bola de helado que se derrite lentamente sobre la superficie, creando un contraste delicioso. Y si sobra (aunque es poco probable), se conserva estupendamente durante varios días, permitiéndote saborear pequeños trocitos cuando te apetezca darte un capricho dulce.