Hay postres que parecen salidos de un recuerdo, de una sobremesa lenta de verano bajo la sombra de un árbol. El clafoutis es uno de ellos: un clásico francés que combina la sencillez de una masa ligera con la dulzura jugosa de la fruta fresca, tradicionalmente cerezas.Es un pastel a medio camino entre un flan y una tarta, con una textura suave y cremosa que envuelve la fruta como si fuese un abrazo. Se sirve templado o frío, espolvoreado con azúcar glas, y siempre invita a repetir.Ideal como postre en una comida familiar o como merienda elegante, el clafoutis demuestra que no hacen falta complicaciones para crear un bocado inolvidable.