El verano tiene un sabor blanco, fresco y sedoso. El ajoblanco es una de esas sopas frías que saben a tradición, a campo y a mesas sencillas donde la sencillez se vuelve un lujo. Almendras, pan, ajo y aceite se transforman en una crema ligera que refresca y reconforta en los días de calor.Pero hoy le damos un giro: lo acompañamos con uvas frescas, que estallan en dulzura, y con sardina ahumada, que aporta carácter y contraste. Un juego de sabores en equilibrio, donde lo humilde se viste de sofisticación.Ideal como entrante en una comida de verano, esta receta es refrescante, nutritiva y sorprendente. Una prueba de que con ingredientes de siempre se pueden crear platos memorables.
Empezamos remojando el pan cortado en trozos en el agua unos minutos, hasta que empape bien. Lo reservamos con su agua.
Ponemos en el vaso batidor la miga remojada con su agua incluida, la almendra cruda, el diente de ajo sin germen, el vinagre y la sal y trituramos todo bien.
Añadimos el agua extra necesaria para que nos quede textura de crema.
En velocidad media, vamos echando el aceite por la tapa de la batidora poco a poco, como si estuviéramos haciendo una mayonesa.
Después, subimos la velocidad para emulsionar todo bien.
Reservamos en nevera.
Emplatamos en unos cuencos individuales y servimos muy frío decorando con las uvas cortadas en rodajitas, medio lomito de sardina ahumada y las almendras recién tostadas en láminas. Terminamos con un hilo de aceite virgen para decorar.
Notas
NOTA 1: Para tostar las láminas de almendras, las extendemos en un plato, les añadimos sal y un chorrito de aceite y las introducimos al micro 60 o 90 segundosNOTA 2: Las uvas con casi imprescindibles para el éxito de esta receta, de las sardinas, podéis prescindir perfectamente.NOTA 3: Si utilizáis las botellas de agua vacías para almacenar las cremas frías, será mucho más cómodo guardarlas en la nevera y más fácil servirlas sin manchar.